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La compostura: ceremonia viva entre los indígenas lencas de Honduras

La compostura es una ceremonia indígena lenca que preserva ritos con elementos prehispánicos y cristianos. Se realiza en torno a ciclos sagrados relacionados con la agricultura, la salud, la construcción de vivienda y actividades de la vida cotidiana y fenómenos como las “caídas de rayos” en la casa, los patios, la finca, los sitios donde se resguardan o pastorean los animales domésticos o la montaña donde se caza. Las caídas de rayos se consideran como mensajeros de los ángeles del cielo y están asociadas a la necesidad de preparar y desarrollar ritos de compostura o pagos a la tierra en agradecimiento por los beneficios recibidos o como pago por los daños ocasionados. Comprobé que esta creencia de la influencia de los rayos también se encuentra entre los indígenas zoques de la comunidad de Francisco León en Chiapas, México cuando en una ocasión consulté sobre ¿por qué era malo molestar a los sapos? Y me respondieron con rapidez: -Es que los sapos son las cocineras del rayo (de Dios).


Muchos rituales prehispánicos desaparecieron con la conquista y proceso de evangelización, pero en sitios aislados y conservadores de las tradiciones sobrevivieron junto a influencias o superposiciones de elementos del catolicismo. La compostura se constituye en un ritual complejo que sigue realizándose entre comunidades tradicionales lencas. El proceso de la compostura va desde la identificación de la necesidad de realizar el ritual a nivel individual, familiar, comunitario o territorial, para luego pasar a los preparativos con aproximadamente dos a tres meses de anticipación.


El conocimiento de estas prácticas se ha construido a partir de múltiples fuentes. Existe una valiosa tradición de estudios etnográficos y lingüísticos que han documentado las ceremonias y su simbolismo. Nuestra observación directa, el diálogo prolongado con portadores de la tradición y el acompañamiento a comunidades en diferentes momentos de su vida cotidiana y ritual por más de 25 años permiten reconocer la vigencia y la continuidad de estos saberes en el presente. La combinación de estas miradas -académica y vivencial- abre una perspectiva más amplia para comprender el significado actual y profundo de la compostura entre los indígenas lencas de Honduras.


La compostura a través del tiempo


Con la revisión de documentos y varias décadas de observación y acompañamiento entre los lencas ha sido posible registrar no sólo la estructura ritual de la compostura, sino las conexiones simbólicas que enlazan estas prácticas contemporáneas con tradiciones más antiguas de Mesoamérica, revelando la persistencia de elementos culturales que han logrado mantenerse vivos dentro de las creencias y prácticas culturales del pueblo lenca.


Diagrama de elementos de una compostura recopilados por Anne Chapman en su libro Los hijos del copal y la candela, 1985. 
Diagrama de elementos de una compostura recopilados por Anne Chapman en su libro Los hijos del copal y la candela, 1985. 

Diversos investigadores han profundizado en el estudio de la compostura desde una perspectiva interdisciplinaria. Desde una perspectiva histórica Miguel León-Portilla1 escribe sobre la realización de ceremonias similares a la compostura a lo largo de la historia en las culturas de México y Centroamérica (Mesoamérica). Destaca como pionera Anne Chapman2,3,4, quien recopiló mitos y ritos y ceremonias de la tradición oral lenca y observación participante de vida cotidiana y ceremonias de compostura desde los años sesenta, aportando uno de los registros etnográficos más tempranos y detallados sobre esta práctica ritual. Atanasio Herranz5, desde una perspectiva lingüístico-etnográfica comparativa, ofrece descripciones sobre las ceremonias de compostura y de los significados culturales que acompañan sus oraciones, invocaciones y elementos simbólicos. Katherine Tucker se constituye en la descriptora más detallada de ceremonias de compostura en la región de La Campa, Lempira6. Rosemary Joyce y Russell Sheptak han desarrollado un intenso trabajo para evidenciar la continuidad de elementos de composturas y guancascos que pueden evidenciarse desde la arqueología y etnografía comparadas7.


Los trabajos de estos autores constituyen referencias fundamentales para comprender la profundidad cultural de estas ceremonias. Sus investigaciones no sólo describen la práctica ritual, sino que identifican elementos simbólicos que, desde una perspectiva comparativa, permiten relacionar la compostura con otras manifestaciones espirituales de Mesoamérica en tiempo, espacio y culturas diferenciadas. Entre ellas diversas concepciones vinculadas al nahualismo y a las formas indígenas mesoamericanas de mediación entre el mundo humano y el mundo espiritual.


Nuestro propio trabajo en el suroeste de Honduras, confirma la sorprendente continuidad de muchos elementos asociados a la compostura en distintas comunidades donde esta tradición permanece vigente. A pesar de los cambios sociales, económicos y religiosos ocurridos en la región, la estructura simbólica y funcional del ritual se mantiene notablemente estable, permitiendo reconocer paralelos que conectan prácticas actuales con formas ceremoniales que probablemente se remontan a tiempos prehispánicos.


Un ejemplo particularmente revelador es el uso de peces de agua dulce, las olominas o peces de la familia Poeciliidae, dentro de las ofrendas rituales en asociación con cacao crudo molido y bebidas fermentadas continúa presente en las composturas actuales. Resulta significativo que investigaciones arqueológicas recientes en el sitio de Copán Ruinas, específicamente en el entierro ceremonial de la Reina Margarita, hayan reportado restos de olominas dentro de las vasijas utilizadas para las ofrendas funerarias8. Este hallazgo sugiere una notable antigüedad de este elemento simbólico dentro de los ciclos ceremoniales mesoamericanos y abre una interesante línea de reflexión sobre la persistencia de ciertos elementos rituales que han atravesado siglos de historia hasta mantenerse vivos en las prácticas culturales contemporáneas de los lencas de Honduras.


Las composturas dentro de las creencias y prácticas del pueblo lenca


Mujer indígena lenca participando en ceremonia de compostura. © Asael Talavera
Mujer indígena lenca participando en ceremonia de compostura. © Asael Talavera

Entre los altiplanos fríos del Departamento de La Paz y en varios municipios de los departamentos de Lempira e Intibucá, la vida cotidiana de muchas comunidades lencas continúa entrelazada con un conjunto de prácticas rituales que articulan trabajo, naturaleza y espiritualidad. La compostura, no es un acto aislado ni ocasional: forma parte de un sistema de reciprocidad con la tierra que acompaña la siembra, la salud, la construcción de una casa, el cuidado de los animales, la cacería, la alfarería y en momentos decisivos de la vida individual, familiar, comunitaria y territorial.


Quienes hablan con mayor claridad sobre estas ceremonias son, con frecuencia, mujeres de mediana y avanzada edad que han mantenido viva la memoria ritual. Ellas describen la compostura como una forma de “arreglar” o “componer” la relación entre las personas y las fuerzas que habitan el mundo natural y espiritual. Cuando algo se desequilibra -una enfermedad, una mala cosecha, una plaga, una sequía, la caída de una rayo en las proximidades,un accidente o una señal interpretada como advertencia espiritual- la compostura permite restaurar la armonía.


En este universo simbólico, la naturaleza no es un simple entorno físico. Los árboles, las fuentes de agua, los yacimientos minerales de arcilla, las montañas y los animales participan de un orden espiritual que exige respeto, agradecimiento y compensación. Si se utiliza leña proveniente de un árbol alcanzado por la caída de un rayo pueden aparecer enfermedades o malestares entre los miembros de la familia. En esos casos se consulta a un rezador o zahorín, especialista ritual local que interpreta la situación y recomienda si es necesario realizar una ceremonia de compostura para restablecer el equilibrio.


Secuencia para una ceremonia de compostura


Barco con maíz rojo y mazorca para semilla y guacalito con bebida de chicha. © Asael Talavera
Barco con maíz rojo y mazorca para semilla y guacalito con bebida de chicha. © Asael Talavera

Una vez identificada la necesidad de realizar una compostura, no se trata solamente de reunir materiales: cada elemento debe ser preparado con atención y respeto, pues formará parte del diálogo simbólico con las fuerzas espirituales.  Durante ese tiempo se dejan criar los pollos, gallinas, jolotes (pavos) que serán ofrecidos en el ritual. Se reúnen objetos indispensables: cacao, copal o incienso, mirra, candelas, aguardiente de caña, cohetes de vara y dulce de panela. La chicha de caña y maíz se pone a fermentar con al menos quince días de anticipación. El cacao, elemento central de la ceremonia, se compra en granos secos en el mercado de La Esperanza, Intibucá y se reserva un puñado de granos crudos que serán molidos para las ofrendas y tostados para la preparación del chilate, bebida ritual compartida durante la ceremonia de compostura.


Para la preparación del altar para una compostura, se recolectan hojas frescas de la palma de pacaya, flores silvestres de temporada o flores de los jardines domésticos. Se buscan diez zomos, bromelias epífitas que funcionan como recipientes naturales para las ofrendas. Nueve de estos zomos se destinan a los llamados “ángeles buenos”, mientras que uno se coloca aparte para el “ángel del mal”, recordando que en el equilibrio del mundo existen fuerzas que deben ser apaciguadas. Se cortan mástiles de matas de banano criollos que se colocan empotrados en estacas y se le hacen nueve agujeros para la colocación de nueve pequeñas velas encendidas.


En quebradas o arroyos cercanos se pescan pequeñas olominas de agua dulce que constituyen un componente esencial de la ofrenda. Cada zomo recibirá una de estas olominas vivas junto con cacao molido crudo y pequeñas porciones de aguardiente de caña o chicha. En casos excepcionales, cuando los peces no se encuentran, se utilizan pequeños cangrejos como sustitutos.


La ceremonia es conducida generalmente por dos especialistas. El primero es el rezador principal, encargado de dirigir las oraciones, interpretar los signos del ritual y conducir cada etapa del proceso. El segundo cumple una función más técnica pero igualmente significativa: tuesta y muele el cacao que será utilizado tanto en las ofrendas como en las bebidas rituales. Sus palabras y gestos revelan un sincretismo profundo donde conviven elementos del catolicismo popular con tradiciones rituales mucho más antiguas.


El día señalado, las actividades comienzan temprano, alrededor de las seis de la mañana. Los participantes se reúnen y se trasladan al lugar donde se realizará la compostura: generalmente la parcela de cultivo, el sitio de la nueva casa o el lugar relacionado con la petición ritual. El inicio del ritual está marcado por la detonación de los cohetes de vara. El rezador lanza primero un cohete de vara invertido hacia el agujero donde se han colocado las ofrendas, entre ellas un huevo de jolote y se ha vertido la sangre de los animales sacrificados. El estallido simboliza la destrucción ritual de la ofrenda inicial y la apertura del diálogo con el mundo espiritual. Luego se lanzan dos cohetes hacia el cielo para anunciar a la comunidad y a las fuerzas invisibles que una compostura está en curso.


El ritual se combina con la preparación y consumo de alimentos y bebidas. Los oficiantes reciben comidas especiales, generalmente pollos acompañados de tamales o ticucos rellenos de olominas. En algunos casos se preparan nueve tamales individuales o un tamal mayor que contiene las nueve olominas en su interior. Mientras tanto, el aguardiente, la chicha de caña y el chilate se distribuyen entre los participantes como parte del ritual de compartir.

La cocina de una compostura documentada en Hijos del copal y la candela de Anne Chapman. Fotografía tomada en 1965; el cántaro grande contiene un guajolote y el pequeño un pollo.
La cocina de una compostura documentada en Hijos del copal y la candela de Anne Chapman. Fotografía tomada en 1965; el cántaro grande contiene un guajolote y el pequeño un pollo.

Más allá de la ceremonia, la compostura cumple una función social profunda. Reúne a la familia ampliada y amistades, refuerza vínculos comunitarios y transmite conocimientos que no están escritos en libros, sino en la memoria viva de las personas mayores. Cada palabra del rezador, cada gesto de los participantes y cada elemento colocado en el altar reafirman un orden moral y espiritual compartido.


La compostura no es solamente un ritual religioso. Es una forma de organización del mundo. A través de ella se recuerda que la tierra y la naturaleza en su conjunto, no son únicamente un recurso, sino un ritual que mantiene una relación de reciprocidad. Sembrar, cosechar, construir o emprender un proyecto individual, familiar, comunitario o territorial implica reconocer esa relación y devolver a la naturaleza parte de lo que se recibe.


Estas ceremonias de compostura continúan realizándose incluso en contextos contemporáneos. En comunidades como Plan de Barrios y Zapotillo, municipio de San Francisco de Opalaca, Intibucá, se celebró una compostura al iniciar la construcción de una represa hidroeléctrica dentro de una iniciativa de autonomía energética indígena comunitaria. Antes de intervenir en el territorio, se consideró necesario pedir permiso y armonizar la relación con la tierra y las aguas.


En tiempos marcados por profundas crisis ambientales y culturales, estas prácticas ofrecen no sólo un testimonio de continuidad histórica, sino una fuente de inspiración para imaginar formas más equilibradas y respetuosas de convivencia con la tierra y con la vida en su sentido más amplio.


Por: Mario Ardón, antropólogo


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Bibliografía

  1. León-Portilla, M. 1995. Literaturas Indígenas de México. FCE, 361p., México.

  2. Chapman, A. 1978. Los lencas de Honduras en el Siglo XVI. IHAH,58p. Honduras.

  3. Chapman, A. 1985. Los hijos del copal y la candela I. IIA. 300p. México.

  4. Chapman, A. 1986. Los hijos del copal y la candela II. UNAM -CEMC, 237p. México.

  5. Herranz, A. 2019. Mitos, creencias y medicina popular en un pueblo del área lenca de Honduras. Editorial Guaymuras, 270p. Honduras.

  6. Tucker, Catherine M. 2008. Changing Forests: Collective Action, Common Property, and Coffee in Honduras. New York: Springer.

  7. Joyce RA, Sheptak RN. 2022. From Compostura in the Present to Lenca Rituals of the Prehispanic Period. En: Materializing Ritual Practices. Johnson LM, Joyce RA (eds.). University Press of Colorado, Louisville.

  8. McNeil, CL. 2010. Death and Chocolate: The Significance of Cacao Offerings in Ancient Maya Tombs and Caches at Copan, Honduras. En: Pre-Columbian Foodways: Interdisciplinary Approaches to Food, Culture, and Markets in Mesoamerica. Staller J, Carrasco M. (eds.). New York: Springer.

 

 
 
 

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